El más difícil todavía, en primer lugar, para este equipo de personas que construimos el Festival, es realizar esta edición sin María Poquet. Durante gran parte de la historia del Festival, la que ha sido la Coordinadora General, ha hecho una supervisión exhaustiva, durante todo el año, de todo lo que sucedía, muchas veces sin que nadie se percatara. María conocía y reconocía a todas las personas que participaban cada año, a los equipos artísticos, a los de gestión, así como todos los trámites en cada una de sus fases. Ha sido una interlocutora excepcional, guardándose para ella, todos los saltos mortales hacia atrás que ha tenido que realizar para sostenerlo, para sostenernos.
Vamos a tener que aprender a hacer todos esos saltos mortales sin ella, pero sobre todo vamos a tener que aprender a vivir el Festival sin sus afectos. Porque María nos ha cuidado con su trabajo constante y eficiente, pero también con estar ahí por si fuera necesaria cualquier cosa, o con un beso y un abrazo de aquí para allá, o trayendo esas cervezas al final de la jornada.
Una parte inmensa del latido de este Festival se va con ella, aunque ella seguirá latiendo en la escena como la magnífica actriz o como la excepcional vestuarista que es. Vamos a tener que hacer una pirueta con doble salto mortal hacia atrás para amarnos entre nosotras y amar las artes escénicas como ella lo ha hace y lo ha hecho.
La Pirueta con doble salto mortal hacia atrás es, para todas las personas que hemos decido seguir, sostener un Festival, año tras año, con la incertidumbre no ya de que se pueda realizar, sino de que, pasado el mismo, quedemos a la espera de confirmaciones de financiación del sector público, o con la continua carencia del compromiso del gran sector privado con la cultura, cosa extraña, o incluso inverosímil, en cualquier otro país occidental y en muchas de las otras comunidades autónomas.
La Pirueta con doble salto mortal hacia atrás también habla de la necesidad de mantener la calidad y el compromiso casi ciego con el trabajo, a pesar de que las nuevas generaciones tienen que asumir mil y un trabajos y no les alcanza ni para vivir en la ciudad compartiendo piso, habla de saber gestionar la ansiedad para poder realizar lo excelente sin poder recurrir a una salud mental accesible para todos/as. Pero también habla de que, si no nos sale, si al final de todo la Pirueta con doble salto mortal hacia atrás nos sale mal, no nos sale o nos puede lesionar, lo lógico, lo bueno, lo sano, es parar, desistir, dejar de luchar. Y ahí, entonces, reconociéndonos otra vez humanos, encontrarnos con las demás para pensar la vida y el mundo de una forma más grata, aunque eso signifique volver a luchar, pero ahora sí, juntas/os y de otra manera.
Por el momento, os invitamos aún, a disfrutar de esta edición del Festival.
